Nada
más cierto que el tiempo es relativo, que los minutos otrora exuberantes y
pendencieros se vuelven vacilantes, agoniosos, casi fantasmagóricos, como si
estuvieran a punto de evaporarse. Y nuestros ojos que titilan los desean, los
siguen en los vericuetos que se calan en la memoria porque ahí es donde van
quedando agazapados como instantáneas multicolores o en tintes grises, pero al
fin y al cabo testimonios vívidos de su paso o lo que es lo mismo de la vida.
El tiempo puede ser algo tan vago como una semilla de ceiba difuminándose en el
espacio o algo tan pesado como un café muy muy amargo en medio del desierto.
La
delgada línea que caminamos paso a paso a veces se nos enreda con diferentes
opciones y al mirar atrás quisiéramos tener la oportunidad de deshacer, como por cuenta de un
sortilegio, la decisión tomada, pero el tiempo no tiene reversa. En nuestras
mentes elucubramos muchas estrategias para solucionar el error cometido. Sin
embargo, el error, casi siempre satanizado, es fuente de conocimiento. Si somos
conscientes de que esa delgada línea no podemos caminarla en múltiples
direcciones, tal vez la vida sería más valiosa, las personas que nos rodean aún
más y los instantes que vivimos más
preciados. ¿Por qué no disfrutar cada faceta de esa valiosa gema con lo que más
nos haga felices y a la vez nos edifique? ¿Por qué no dedicar nuestras energías
a construir memorias plácidas que sean la constatación de una vida plena y bien
aprovechada? No, hoy esto parece inaplicable porque el tiempo dejo de existir
para estar condicionado al tiempo per se.
Nuestra respuesta más usual es: Si tengo tiempo… (Lo que materialmente se
traduce en quizás no). Quizás no
porque tengo miles de cosas virtuales que debo hacer. Así es, cosas irreales. ¿Para
qué charlar con las personas frente a frente, si hay un emoticono que lo dice
todo? ¿Para qué leer, si es más “provechoso” (en términos de tiempo) ver la
película del libro? ¿Para qué visitar a la familia, si ya sabemos que está
bien? ¿Para qué caminar en la tarde por la orilla de la playa, si lo podemos
hacer después? Además, el mar siempre estará ahí, todo siempre estará ahí…
¿Y
qué pasa cuando el tiempo ya no puede recuperarse? ¿Qué pasa cuando las
variables, que se conjugaban para el momento perfecto, se han trastocado o alguna
cambió de forma impredecible? El tiempo
siempre será un ahora, no un luego o un después. Procrastinar puede resultar
fácil en el momento, pero a la larga puede complicarnos todo. No obstante, las
experiencias de cada quién serán las que determinen el tránsito por esa delgada
línea sin reversa; serán las que nos susurren al oído que decidir: si tenemos
tiempo ahora o después.
P. Sualvez
P. Sualvez

No hay comentarios:
Publicar un comentario