lunes, 12 de febrero de 2018

SI TENGO TIEMPO...



Nada más cierto que el tiempo es relativo, que los minutos otrora exuberantes y pendencieros se vuelven vacilantes, agoniosos, casi fantasmagóricos, como si estuvieran a punto de evaporarse. Y nuestros ojos que titilan los desean, los siguen en los vericuetos que se calan en la memoria porque ahí es donde van quedando agazapados como instantáneas multicolores o en tintes grises, pero al fin y al cabo testimonios vívidos de su paso o lo que es lo mismo de la vida. El tiempo puede ser algo tan vago como una semilla de ceiba difuminándose en el espacio o algo tan pesado como un café muy muy amargo en medio del desierto.

La delgada línea que caminamos paso a paso a veces se nos enreda con diferentes opciones y al mirar atrás quisiéramos tener la oportunidad  de deshacer, como por cuenta de un sortilegio, la decisión tomada, pero el tiempo no tiene reversa. En nuestras mentes elucubramos muchas estrategias para solucionar el error cometido. Sin embargo, el error, casi siempre satanizado, es fuente de conocimiento. Si somos conscientes de que esa delgada línea no podemos caminarla en múltiples direcciones, tal vez la vida sería más valiosa, las personas que nos rodean aún más  y los instantes que vivimos más preciados. ¿Por qué no disfrutar cada faceta de esa valiosa gema con lo que más nos haga felices y a la vez nos edifique? ¿Por qué no dedicar nuestras energías a construir memorias plácidas que sean la constatación de una vida plena y bien aprovechada? No, hoy esto parece inaplicable porque el tiempo dejo de existir para estar condicionado al tiempo per se. Nuestra respuesta más usual es: Si tengo tiempo… (Lo que materialmente se traduce en quizás no). Quizás no porque tengo miles de cosas virtuales que debo hacer. Así es, cosas irreales. ¿Para qué charlar con las personas frente a frente, si hay un emoticono que lo dice todo? ¿Para qué leer, si es más “provechoso” (en términos de tiempo) ver la película del libro? ¿Para qué visitar a la familia, si ya sabemos que está bien? ¿Para qué caminar en la tarde por la orilla de la playa, si lo podemos hacer después? Además, el mar siempre estará ahí, todo siempre estará ahí…

¿Y qué pasa cuando el tiempo ya no puede recuperarse? ¿Qué pasa cuando las variables, que se conjugaban para el momento perfecto, se han trastocado o alguna cambió de forma impredecible?  El tiempo siempre será un ahora, no un luego o un después. Procrastinar puede resultar fácil en el momento, pero a la larga puede complicarnos todo. No obstante, las experiencias de cada quién serán las que determinen el tránsito por esa delgada línea sin reversa; serán las que nos susurren al oído que decidir: si tenemos tiempo ahora o después. 


P. Sualvez

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